Sentir

Todos los días nos levantamos cuestionando cada cosa que sucede a nuestro alrededor y es apenas entendible porque siempre queremos tener el control de todo lo que pasa. Cuestionamos desde el café que nos tomamos en la mañana hasta lo mucho o poco que se demora el transporte en llegar, el clima, nuestro trabajo, nuestras actitudes, nuestras reacciones, nuestras ideas y de ahí en adelante cada uno tiene su propia lista de preguntas bastante personalizadas.

Pero no hay nada que cuestionemos más que el amor. ¿Por qué? porque esta respuesta depende siempre de una contraparte y el otro es siempre un completo misterio.

Cuantas veces no hemos querido tener el súper poder de meternos en la cabeza de esa persona que nos encanta a entender porqué actúa como actúa, porqué reacciona como lo hace y sobre todo qué siente por nosotros. Error.

Cómo se nos ha ocurrido que es la cabeza la que determina un sentimiento, cómo se nos ha ocurrido pedirle las explicaciones de nuestras dudas de amor a nuestra cabeza

¿Han sentido cómo se eriza la piel cuando nos llega un mensaje de la persona que nos gusta? ¿Han sentido cómo late nuestro corazón cuando de repente nos encontramos en el ascensor con esa persona que nos encanta? ¿Han sentido las mariposas cliché cuando ese alguien que les encanta les da un beso?

La respuesta siempre ha estado en lo que sentimos, en lo que nuestro cuerpo nos dice por medio de las reacciones químicas que, si bien se originan en nuestras conexiones neurológicas, nada tiene que ver con los cuestionamientos y las respuestas que nuestro cerebro hace día tras día. Estas sensaciones NO MIENTEN.

¿Se han dado cuenta que cuando a un niño no lo escuchan grita más fuerte? Bueno, nuestro cuerpo al no sentirse escuchado busca manifestar lo quiere decir de cualquier manera, y no, esta vez no estoy hablando solo de amor, muchas enfermedades están asociadas con cosas que el cuerpo quiere decir: lo que lo abruma, el dolor, la rabia, la envidia, los miedos, el odio, la tristeza. Estas emociones se acumulan dentro, muy dentro, hasta que el cuerpo no puede más, y ha intentado hablarnos tanto y lo hemos ignorado tanto que no encuentra más remedio que explotar.

Hay muchas teorías en las que se explica a qué corresponde cada dolor. Si es de garganta: tienes algo por decir, si es la espalda baja: estas guardando mucho rencor, los tobillos: falta de equilibrio en las emociones. Pueden buscar muchos artículos que están especializados en cada dolor, pero de nuevo reitero que sólo si nos escuchamos sabemos qué está pasando adentro y descubriremos que es lo que tenemos por entender, sacar y reparar.

Porque al final no lo podemos controlar todo. En realidad lo poco que podemos controlar es eso que esta dentro de nosotros (es hermoso cuando lo entendemos), y aunque parezca insignificante en medio del mar de dudas en el que vivimos todos los días es lo más valioso que tenemos, es la base de nuestra estabilidad y nuestra paz.

Dejemos de preguntar sin respuestas, dejemos de cuestionar lo que está más que resuelto en nosotros mismos y pidamos silencio a todo este ruido mental y regalémonos unos minutos de nuestro día para sentir.

-Mercurio-

 

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