La muerte del romanticismo

La manera en que nos relacionamos se ha transformado con el tiempo y al tiempo de los avances tecnológicos, el internet ha ido sustituyendo los espacios y los encuentros físicos, ha cambiado la forma en que nos enamoramos y nos expresamos. Y con esto ha cambiado la manera en que es visto el romanticismo, aunque a mi manera de ver, lo estamos matando.

Sea cual sea la generación a la que pertenezcamos, estamos en el momento que las relaciones con el otro han mutado a una conexión tecnológica que cada vez más se aleja de lo humano, lo cercano y lo tangible, creando no más que vínculos virtuales que poco o nada tienen de real.

Me niego a creer que el amor es eso que andamos buscando en una red social, en una aplicación, en lo que se supone que la tecnología nos facilita. A creer que el amor lo encuentras por casualidad en Tinder, Badoo, Happn o cuanta aplicación sea creada con el fin de conectar con miles de personas a nuestro alrededor. No sé cual sea el índice de efectividad de estos sitios, pero me niego a creer que sea casualidad que entre 10 match que hagas, encuentres el mejor partido y que ese se convierta en el amor de tu vida.

Esto solo nos está facilitando y nos está acercando a tener más encuentros sexuales, que nada tienen de amor, a exponernos en una vitrina donde una persona te puede clasificar, donde los parámetros para escoger a alguien es que tan bien se vea físicamente. Con suerte das con alguien que esté buscando algo similar a ti. Con suerte encuentras a alguien que no tenga miedo de lastimar o ser lastimado, a alguien que escuche y quiera ser escuchado, que sea paciente que se interese, que te invite a tomar un café y no a una noche de copas.

Dónde quedaron los encuentros casuales, las citas románticas, el dejar los nervios y hablarle a aquella chica o chico que está del otro lado, dónde quedaron los detalles, las cogidas de manos, las cartas a mano, las miradas cómplices.

Se nos olvido lo que eran las serenatas, fueron reemplazadas por postear canciones en el muro de Facebook, las rosas por stickers, las cartas por un mensaje en Whatsapp.

Todo ahora es tan fácil, se ha vuelto tan desechable, que hasta las relaciones y el amor han perdido ese sentido de compromiso que adquirían antes, dónde aceptabas estar con alguien por la convicción de el amor que sentías por el otro, no por la necesidad de compañía y atención que ahora parece el pan de cada día. Relaciones fugaces y efímeras, de esas que la gente desecha una y otra vez porque se aburren rápido, por miedo al compromiso o simplemente porque se dieron cuenta que nunca sintieron nada real por el otro.

Y hasta aquí nos llegó el cuento del felices por siempre, porque la dinámica en la que ha entrado el ser humano ya no es la misma. Estoy segura de que aún quedamos personas que anhelamos un amor como los de antes, y no estoy hablando de ese “antes” donde el machismo o la sumisión eran la base de las relaciones, sino los que aún creemos en el romanticismo, los que creemos aún en los felices por siempre o hasta que la muerte nos separe.

A los que no nos sentimos parte de esta época, que anhelamos entre tanta basura desechable y tanto egocentrismo, tener algo más real y duradero, sigamos creyendo que es posible relacionarnos así y enseñemos a otros la importancia de dejar de esconder los sentimientos detrás de una sociedad que no hace más que mostrar solo lo superficial, que nunca se nos olvide como fueron los tiempos de antes y que viva el romanticismo los años que aún podamos mantenerlo con vida.

– Venus –

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